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¿Qué es un trauma?

Actualizado: 6 sept 2023


Un trauma es una herida interior. La memoria que nuestro cuerpo, nuestras emociones, nuestros pensamientos y nuestra fisiología tienen de sucesos que han interrumpido una continuidad integrada en nuestro desarrollo, y las consecuencias de esta memoria en nuestra relación con nosotrxs y con los demás.


El trauma es, muy probablemente, la causa más ignorada del sufrimiento humano, y la comprensión del trauma y de su funcionamiento nos ayuda mucho para encontrar las vías de salida de nuestro malestar.


¿A qué me refiero cuando hablo de sucesos que han interrumpido una continuidad integrada en nuestro desarrollo?


Cuando nacemos somos un todo integrado. Aún no hay una división. No hay, por ejemplo, una voz que me diga que soy inadecuadx, que he hecho algo mal o que debo esforzarme más, y otra parte interior sumisa o rebelde ante estas acusaciones. Hay Ser, y eso es todo.


Y este niño o niña que somos es extremadamente vulnerable, no puede sobrevivir por sí mismx, necesita el vínculo para sobrevivir a través de él. Es a través de este vínculo que empieza a construirse el trauma, cada vez que nuestras necesidades emocionales básicas no son cubiertas: sentirnos escuchados, sentirnos tocados con amor y afecto, sentir que nuestro hogar es un lugar seguro… Cuantas más carencias haya en esta edad temprana, más susceptibles seremos en nuestra edad adulta al estrés y a la reactuación de situaciones traumáticas.


Iré tratando en próximos escritos diversos aspectos de nuestro desarrollo y de las heridas de nuestra niña y niño interior. Quiero hablar hoy de nuestra respuesta fisiológica frente al trauma y de una comprensión fundamental: El hecho de que tengamos un trauma sin resolver o no, no depende tanto del suceso vivido en sí mismo, como de la respuesta que nuestro organismo ha tenido frente a dicho suceso.


Esta comprensión es importante porque nos abre las puertas al entendimiento que nuestra fisiología tiene su propio funcionamiento. Yo puedo pensar que no fue traumático que mi hermanx naciera cuando yo apenas tenía uno o dos añitos: ¡Cómo va a ser eso un trauma, si mi hermanx es un amor! Sin embargo, para la fisiología de un bebé de dos añitos necesitadx de afecto, atención y cariño, pudo suponer un gran shock que la atención de estas necesidades quedara repentinamente disminuida.


Cuando vivimos una situación estresante de la que no nos podemos defender, es decir que no podemos ni luchar contra ella, ni huir de ella, la parte más antigua de nuestro sistema nervioso, el sistema nervioso parasimpático dorsal, sale a protegernos, llevándonos a la inmovilidad y aprisionando dentro de nosotros una gran cantidad de energía. Se trata de una estrategia de supervivencia: Mejor calladito, mejor quietecito, mejor si me porto bien, mejor si ayudo a los demás… Si esta energía no se descarga del cuerpo, quedará presa dentro de nuestro sistema nervioso y volveremos frecuentemente a estados de agitación, estados de desconexión o estados mixtos: sentirte desconectado o bloqueado hacia afuera y con agitación por dentro, por ejemplo. Esta es la base fisiológica del trauma.


A veces Sara no podía comprender lo que su padre quería de ella, ya que hiciera lo que hiciera, su padre se enfadaba y la culpaba de no hacer bien las cosas. Sara intentaba luchar, se enfadaba y lloraba, pero entonces su padre se enfadaba más. Cuando su padre se ponía violento y alzaba la voz, ella intentaba huir a casa de la vecina, pero cuando su padre la veía la castigaba en la habitación sin salir. Un día Sara dejó de quejarse y de enfadarse, se transformó en una niña obediente que evitaba el conflicto a toda costa.


Cuando Juan era un adolescente, un día sus compañeros de clase lo acorralaron en una esquina del patio del colegio y le rompieron a pisotones el regalo que acababan de hacerle por su cumpleaños, un reproductor de música portátil que le gustaba mucho y que estaba escuchando en ese momento. Mientras él intentaba luchar y proteger su regalo, le pegaron, le escupieron y le insultaron. Juan intentó huir para quejarse a los profesores pero le amenazaron diciéndole que si lo hacía le encontrarían cuando saliera a la calle. Juan se quedó de piedra, inmóvil y callado y no le contó lo que le pasó a nadie. Han pasado 15 años y a día de hoy Juan no tiene ningún amigo hombre en el que confíe, no logra llorar y nunca escucha música a solas a no ser que esté en casa.


Como podemos ver en los dos ejemplos, tanto el sistema nervioso de Sara como el de Juan, encontraron que la mejor forma de defenderse era mediante la respuesta de inmovilidad. El suceso era demasiado abrumador e intenso y perdieron la esperanza de seguir luchando o huir para resolver la situación. Así que el sistema nervioso parasimpático dorsal, tomó las riendas y llevó el sistema a la inmovilidad, un estado al que también llamamos shock, bloqueo, colapso o congelamiento.


También podemos observar en los dos ejemplos una gran diferencia. El primer ejemplo nos habla de una situación recurrente que en siguientes escritos vincularé con la herida de abandono de la niña interior y con el trauma de desarrollo. Sin embargo el segundo ejemplo se trata de un caso aislado al que según la clasificación de tipos de trauma que propongo, llamaremos trauma de shock. Sin embargo, ambos casos terminan en una respuesta de inmovilidad o colapso.


Llegar o no al colapso dependerá de muchos factores, como los recursos percibidos de la víctima, la educación que ha recibido, su fuerza física y psicológica, su educación, su sensibilidad emocional, el momento vital en el que se encuentra y sobre todo de cómo ha ido su embarazo, parto y el vínculo con su madre y padre durante los primeros meses y años de vida, cuando su sistema nervioso está configurando sus rutas y sus capacidades.


Los síntomas traumáticos no son causados por el suceso en sí mismo. Surgen cuando la energía residual de la experiencia no es descargada del cuerpo. Esta energía queda atrapada en el sistema nervioso donde puede causar estragos en nuestro cuerpo y mente.

Peter Levine



La psicoterapia sensible al trauma tiene en cuenta que las respuestas de estrés y de shock que tenemos frente a determinadas situaciones de nuestra vida son fisiológicas, y en personas traumatizadas, la amígdala, órgano que nos ayuda a detectar si una situación es o no es peligrosa, iniciando las respuestas de estrés o de colapso del organismo, es hiper-responsiva y especialmente sorda a nuestros pensamientos. Por este motivo, muchas veces nuestro pensamiento puede saber que estamos en un lugar seguro, que algo no es culpa nuestra o que queremos abrirnos al amor, pero nuestra experiencia es la de inseguridad, la de culpa o la de desconfianza.


Nuestra labor consistirá en aprender a descargar estas energías residuales del cuerpo muy poco a poco a través de distintos tipos de terapia sensibles al trauma y de una vida y unos hábitos y relaciones que tengan en cuenta el trauma y el funcionamiento del sistema nervioso, para así poder volver a una conexión segura con nosotrxs y con lxs demás.



Por nuestra salud,


Santi Nevot Casas




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