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Presencia, Escucha y Responsabilidad

En este segundo taller del primer curso vamos a seguir asentando las bases sobre las que construir nuestro proceso de Consciencia y Transformación Interior. La Consciencia es nuestra capacidad de estar despiertos a la vida y en la vida. Los vehículos de que disponemos para dejarnos caer en el presente son la atención y la respiración. Cuando dirigimos nuestra atención conscientemente hacia la respiración, las sensaciones del cuerpo, nuestras emociones o nuestros pensamientos, dándonos cuenta de que existen y de nuestra capacidad de atestiguar su existencia, estamos en el reino del presente.


El pensamiento cartesiano: “Pienso, luego existo” que postula los principios del racionalismo advirtiendo que la única forma de encontrar la verdad es mediante la razón, se aleja radicalmente de la práctica existencial de la meditación: Si tengo la capacidad de darme cuenta de que estoy pensando, significa que hay algo anterior o superior al pensamiento, que justamente es esta capacidad de darme cuenta, por tanto cobra sentido decir: “Existo, luego pienso”


Es oportuno darnos cuenta que vivimos en una civilización identificada con la mente, hiper-racionalizada, donde la supremacía del hemisferio racional es categórica. Claudio Naranjo llamó a esta mente, la mente patriarcal, que sustenta la competitividad del capitalismo y la economización de la vida. Este modo de vivir lo tenemos tan altamente impregnado que resulta muy difícil salir de él. Incluso quienes lo intentan radicalmente, pronto se dan cuenta de las huellas que las consciencias colectiva e histórica han ido dejando en nosotros. La presencia, la escucha y la responsabilidad, son prácticas que nos van a acercar a nuestro hemisferio izquierdo, a profundizar en nuestro autoconocimiento y a salir de los automatismos que nos dominan.


PRESENCIA

Una de nuestras prácticas más poderosas para la transformación es la presencia. Dado que la mente condicionada tiene la tendencia a estar en el pasado (creando caracteres más depresivos) o en el futuro (como base de los caracteres más ansiosos), la mejor forma de romper esta identificación de la mente es realizando prácticas de Consciencia, es decir, estando presente. Por ejemplo ahora, mientras os escribo siento mis manos acariciar las teclas del ordenador… Dado que la inercia de la mente no se ha generado sólo en nuestra vida individual, sino que hace muchas generaciones que la mente divaga tiempo adelante y tiempo atrás, una de las mejores formas de entender la práctica de la presencia, es como un camino de vida sin ningún lugar al que llegar. Simplemente, cada día, ir dejándonos caer en el presente... Probablemente al principio requiera un poco de esfuerzo, sin embargo conforme vayas integrando esta práctica, va a volverse más natural y necesaria para ti.


ESCUCHA

Y muy cercano al asunto de la presencia encontramos otra práctica en la que profundizar, esta es la escucha. Recuerdo una vez que iba andando por la calle y vi a una pareja paseando: Él le decía; “Si yo te escucho” y ella le respondía; “Tú no me escuchas, tú me oyes hablar”. Recuerdo también una viñeta en la que un hijo le decía a su padre: “Papá, escúchame” a lo que su padre -mientras atendía su teléfono móvil- le respondía, “si ya te estoy escuchando”, y entonces su hijo le decía, “pero escúchame con los ojos papá”.


La escucha que queremos practicar en este proceso es una escucha que nos facilite conectar con nosotros mismos y con los demás, podríamos diferenciar cuatro tipos de escucha básicos a los que se pueden sumar más, tanto en la escucha a uno mismo como en la escucha a los demás:


  • La no-escucha: Es cuando no quiero enterarme de lo que me pasa y trato de todas formas de evitar el darme cuenta con compensaciones. De esta forma evito también tomar responsabilidad acerca de lo que me está sucediendo o lo que estoy necesitando. Puede, por ejemplo, que necesite descansar pero como no quiero encarar al jefe, o vivir con menos dinero, o darme cuenta -al parar- de que me siento solo, pues opte por tomar más cafés o pluri-ocuparme sin escuchar ni reconocer mi cansancio, negándolo o normalizándolo. En la escucha al otro se puede ver fácilmente cuando alguien está frente a ti y tu sientes que está pensando en otras cosas o directamente está mirando el teléfono por ejemplo.

  • La escucha defensiva o represiva: Es muy parecida a la primera. Tampoco quiero enterarme mucho de lo que me pasa o de lo que le pasa al otro, pero en lugar de eludir el contacto, me enfado, juzgo o defiendo por estar sintiendo, por ejemplo dolor, es el caso de quien tiene una lesión en el pie y se obliga a hacer la excursión igual que sus compañeros, diciéndose por ejemplo, ¡tengo que superar este dolor!… En la escucha al otro se ve claramente cuando alguien se toma las cosas demasiado personal o responde a la defensiva. Cualquier cosa que digas puede ser usada en tu contra. Produce impotencia, cansancio y frustración a quien quiere ser escuchado. Esto suele suceder cuando el escuchante tiene un gran miedo a ser juzgado o abandonado, entonces no está disponible para ver y escuchar al otro y responde a la defensiva. Como en el chiste que una persona le pregunta a otra: Hola, ¿cómo estás? a lo que la otra responde, ¡Pues anda que tú!

  • La escucha para solucionar: Es una escucha poco compasiva, más que acompañar lo que sucede, las penas o las alegrías, esta escucha está destinada a solucionar lo que está sucediendo. En algunas ocasiones o ámbitos dónde está claro que la relación está fundamentada en estos principios -por ejemplo si vas al médico buscando una medicación para un síntoma específico- es útil, sin embargo si nos tratamos así a nosotros mismos o a los demás, es fácil que nos distanciemos, ya que muchas personas cuando hablan con nosotros no buscan una solución, sino sencillamente ser escuchadas. Lo mismo sucede cuando vamos aprendiendo a escucharnos interiormente, a menudo el juez interior quiere solucionarlo todo y es necesario ir recordándole que la sanación y la escucha son procesos y no destinos, que lo que vale es la experiencia presente, la belleza del aprender a escucharse y responsabilizarse de lo que un@ va sintiendo que necesita.

  • La escucha para conectar: La prioridad de esta escucha es Escuchar, en esta escucha no se escuchan sólo las palabras, también se atienden las emociones, el cuerpo y lo sutil. La compasión -del latín, acompañar el padecimiento- y la empatía -ponerse en el lugar del otro- son dos valores cuyo desarrollo nos acerca a este tipo de escucha. No sólo es escuchar desde el cerebro racional sino también desde el intuitivo. Además, nada que justificar ni que defender ni que proteger ni que resolver… nace una exquisita dimensión de confianza en la autorregulación, de confianza en que si el otro quiere algo lo pedirá… Para poder practicar esta escucha es necesario profundizar en tu autoconocimiento, pues el otro siempre será un espejo que te pondrá en contacto con tus asuntos internos por resolver, tus miedos y tu sombra, y si no eres consciente de esta parte de tí y aprendes a darte cuenta cuando se activa, acogerla y respirarla, no podrás hacer un verdadero contacto de escucha con el otro. En nuestra infancia, y todavía ahora, anhelamos mucho esta escucha y no haberla encontrado ha sido la fuente de mucho sufrimiento y nos ha distanciando del ser a través de la creación de nuestro carácter, que al fin y al cabo son el conjunto de estrategias que desarrollamos para ser Escuchados y amados. Este proceso ha hecho que fuéramos perdiendo nuestra confianza en nosotros mismos, en nuestra plenitud. Esta escucha es la que nos acerca a darnos cuenta de nuestras necesidades, nuestros deseos, nuestra intuición, nuestra armonía con la vida, nuestras emociones, nuestro dolor, nuestros sueños… Si a esta escucha le sumamos la correspondiente responsabilidad, entonces entramos en el reino de la coherencia y la armonía.

Lo que nos interesa en este primer año de proceso es desarrollar la escucha interior, puesto que tanto como logremos desarrollarla, tanto como sabremos escuchar al otro cuando esté frente a nosotros. Y cuando hablo de escucharnos a nosotros necesitamos empezar a discernir, entre todas las voces que hay dentro de nosotros: ¿Cuál soy yo? ¿Cuáles son mis verdaderas necesidades? ¿Qué es lo que deseo hacer en mi vida? ¿Qué es lo que estoy sintiendo ahora?... Una aproximación muy útil es irse preguntando a menudo: ¿Qué está sucediendo ahora mismo dentro de mí? Esta práctica, junto al discernimiento de aquellas voces que hay en mi y no forman parte de mi Ser, sino de mi carácter, serán escalones básicos en este proceso de reconexión con uno mismo.


Cuando estemos escuchando a otra persona podemos parar atención en si nos estamos interesando más en lo que vamos a decir o en lo que nos están diciendo. Para interesarnos en lo que el otro nos está contando necesitamos sentirnos en confianza y desarrollar el don de la curiosidad.


Otro aspecto fundamental de la escucha son los cuatro niveles básicos en que podemos organizarla:

  • Escucha verbal: Lo que me dicen mis/tus palabras

  • Escucha emocional: Lo que me dice mi/tu emoción. Por ejemplo, puedo decir que no estoy enfadado mientras me doy cuenta de la fuerza rabiosa de mi tono de voz.

  • Escucha corporal: Lo que me dice mi/tu cuerpo. Por ejemplo si alguien te dice que se siente abierto y ves que está de brazos y piernas cruzado.

  • Escucha espiritual.

Si yo no he aprendido a escucharme a mí mismo, es muy fácil que pueda escuchar al otro y que en mi interacción con el otro, en lugar de conectar, se dé el fenómeno de la contratransferencia. Por ejemplo, si yo no he aprendido a escuchar mi alegría, es fácil que cuando alguien me hable de su alegría, mi tendencia sea llevarle a otro lugar más cómodo y conocido para mi.


RESPONSABILIDAD

Cuando hablamos de respons-habilidad estamos hablando de la habilidad de responder ante las circunstancias de tu vida. No tiene nada que ver con la culpa, la culpa es miedo, más exactamente es el miedo que tienes a las consecuencias de tus actos según los condicionamientos de tu mente. La responsabilidad es amarte y aprender a confiar en tí, es condición indispensable para el amor y para la libertad, sólo si te das cuenta que eres responsable de tu vida, de lo que piensas, de lo que sientes, de lo que haces, de tus relaciones y hasta de tu historia, entonces tendrás la fuerza suficiente y estarás en el lugar correcto para acoger tus circunstancias y para transformar creativamente aquello que sea posible transformar.


Uno de los tres principios de la terapia Gestalt es la responsabilidad. Es muy útil preguntarte ante tus situaciones vitales. ¿Para qué estoy viviendo esto? ¿Qué he hecho yo para que esto suceda? Por ejemplo ante tus emociones: ¿Qué he hecho yo, o qué te habré hecho yo para estar enfadado contigo? ¿Qué estoy pensando yo para sentirme triste? O ante nuestra realidad laboral ¿a qué me estoy apegando? ¿qué estoy evitando?... Muy a menudo nos toparemos con puntos ciegos a la hora de mirar hacia adentro y buscar respuesta a estas preguntas. Llevamos muchos años culpando de nuestra insatisfacción a nuestros padres, a nuestras parejas, al sistema, a nuestra historia, a los políticos, a la economía, a que aún no hemos logrado esto o aquello… Desde esta posición no nos hacemos responsables de lo que estamos viviendo, apuntando hacia afuera para justificar lo que pasa adentro, y es que es un golpe muy duro darnos cuenta que nuestro sufrimiento no es por culpa de los otros sino debido a las decisiones que tomamos, es muy duro darnos cuenta que llevamos 20 o 30 o 40 o 50 o 60 años siguiendo un programa de vida que no nos hace felices, y que es nuestra responsabilidad cambiarlo o seguir en él. Pues como canta Silvio Rodriguez en una bella canción: La libertad sólo es visible para quien la labra.


En el camino de Consciencia y Transformación Interior es necesario el fuego, la rabia. Podemos entender la rabia como la habilidad de darme cuenta de lo que necesito e ir a por ello. Para algunos pueblos indígenas, la rabia es la energía de la primavera, cuando todo nace y brota, y caen las grandes tormentas. Mantenernos en el presente, escucharnos profundamente y tomar responsabilidad de nuestras necesidades requieren de un sano egoísmo, de un sano tenerse en cuenta y cuidarse. Hace falta mucho coraje para esto. ¿No creéis?


Santi Nevot


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